Al fin llegamos a La ciudad, todos la conocian, pero nadie hablaba
de ella, se contaban muchas leyendas pero ninguna la nombraba
exactamente, ni siquiera la habían puesto nombre, simplemente era La Ciudad.
Era horrible, o eso creia, porque no estaba segura de como era.
Un monton de niebla, blanca y espesa la cubria. Las casas,
árboles...Todo era solo una mancha negra entre aquella niebla.
No se veía gente, ni un alma, pensó, eso le produjo un escalofrío
por toda la espalda.
La niebla impedia ver lo que había más adelante. Llegaba a ver sus
manos extendidas pero poco más.
Agarró la mano de su hermano pequeño con fuerza, no quería
perderle; otra vez no.
Y siguieron a la extraña criatura que tenían de guía.
Señora Green se hacía llamar, el nombre era irónico ya que su piel
era de un color azul intenso, piernas cortas, bastante regordeta y
lo más extraño, cuatro tentáculos que hacían de brazos.Su cara, también regordeta, parecia muy simpática, pero nada tenía que ver con su comportamiento.
Era bastante gruñona y sus comentarios, más bien cansinos, eran
como mil puñaladas con el filo cortante y envenenado. Pero no
tenían más remedio que seguirla si querían salir de esta.
-Esta bien, por esta noche nos quedaremos en "La casa de las rosas",
ya estamos cerca, así que daos prisa, he quedado con alguien en el
bar de abajo y ya llegamos un poco atrasados.
Era increible la capacidad para guiarse que tenia Green, ella misma
no era capaz ni de andar sin tropezarse, y mucho menos de guiarse
por aquella ciudad en la que no veían a más de un metro. Y, ¿como
que había quedado con alguien? ¿Acaso alguien vivía alli? ¿ Tenían
una casa de alojamiento? ¿Venia gente de visita a aquel funesto
lugar?, esas y otras mil preguntas se le agolparon en la cabeza,
pero no realizó ninguna, estaba muy cansada, habían andado todo
el día sin parar, había tenido que llevar a su hermano en brazos y estaba congelada.
Ya era de noche y no aguantaba más, su hermano se estaba medio durmiendo, pero se despertaba cuando tropezaba con el suelo, y eso era muy a menudo.
-Bien, ya estamos, ¿No ha sido para tanto verdad?.
Llamo al timbre de un edificio enorme, por lo larga que era la sombra. Lo que alcanzaba a ver era una pared de piedra grisácea y algo verdosa. El jardín, si eso se podía llamar así estaba lleno de unas flores, que supuso, serían rosas. Por lo menos el nombre de la casa tenía sentido, no como el de la señorita green. Sintió que
algo la rozaba la pierna.
Un chirrido, y un rayo de luz les indicó que ya podrian entrar.Les recibió una señora de pelo canoso recogido en un perfecto moño, del que no se escapaba ni un pelo, que pegaba con las arrugas bastante marcadas que se afanaban en su rostro. Era completamente blanca, parecía que nunca la había dado el sol y parecía flotar tras su largo vestido negro. Pero se notaba que no flotaba en verdad ya que se oía el repiqueteo de sus tacones.
-¿Señora Green? Pasen a recepción, allí les darán la llave y el número de habitación. Si tiene alguna duda, pregunte allí.
Dijo antes de que pudiese responder a la pregunta. Hablaba tan rápido que no se enteró de la mitad de lo que decía, su voz era seria y formal, como si hubiese nacido para ello.
Lo que tenian frente a ellos, era más bien raro, bueno no era raro, pero no pegaba con el ambiente de aquella ciudad.
Ante ellos se extendía un gran salón circular con una gran alfombra roja, redonda en el centro. Había varias mesas repartidas de forma ordenada con unas pequeñas lámparas de vela y sillas de madera que parecían incomodas.
Justo en frente, una escalera enorme de que se dividia en dos casi al final.
Y en el salón había seis puertas, a parte de la de entrada, tres a un lado de la escalera y tres al otro.
Todo era totalmente simétrico, lo único que no era igual en aquel
panorama, era una gran recepción que se encontraba a la derecha de la entrada, en la que un tipo de aspecto torpe intentaba mantener una pila de hojas si que se cayesen en sus brazos.
-Robert, atiende a estos clientes por favor, y deja el papeleo para más tarde.
-Sii..si señora, buenas tardes ¿Que desean?.
El montó de hojas que no consiguió dejar en la mesa a tiempo se cayó y se desperdigaron por el suelo, llenándolo de lo que parecía, un manto de nieve blanco.
-Pe...perdonen, dis...culpen.-susurro- Lo lamento,¿Señora Green? aqui tienen su llave con el numero de la habitación. Un plano con las instalaciones, el número de recepción y creo que no se me olvida nada, firme aquí por favor.
El señor parecia mayor, pero no tanto como la señora que salió a recibirles, había algo en el que le hacía parecer bueno, de confianza. No pegaba con aquel entorno, ni con la casa, ni con la ciudad.
También era de un tono blanquecino, con una cabellera de pelo grisaceo hasta los hombros y una barba del mismo color. Sus ojos eran rojos, como los de la señora, eso la inquietaba bastante, pero después de ver a la señora Green, se esperaba cuanquier cosa, ¡Por lo menos ellos no tenían cuatro tentáculos!
-Subid las escaleras, la segunda puerta a la derecha del primer piso es la nuestra, aqui tienes la llave, yo voy al bar, esperad allí, no bajeis ni rompais nada. No curioseeis.
La habitación no estaba mal, tenia dos camas y al fondo una ventana con las persianas bajadas. Todo parecia normal.
Una mesa bajo la ventana con una silla como las del salón, de las incomodas. paredes de color malva y un armario empotrado en la pared enfrente de las camas de un tono madera rojiza.
-Tengo sueño. -El pequeño se restregó los ojos mientras tiraba de la mano de su hermana.-Quiero dormir.-Fue directo a la cama y ella
le arropó.
-Duerme bien pequeño. te mereces descansar.- busco en el armario una manta se la hecho por encima y le besó la frente.
Ella se echo en la otra cama, la señora Green la echaria de ella en cuanto volviese, per ella no iba a dormir, cerró los ojos y se puso a pensar.
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