Lo ocurrido dos días antes de llegar allí jamás se lo hubiese esperado, ni siquiera se lo hubiese podido imaginar, pero se acostumbró a ello como si fuese lo más normal del mundo.
Era un día lluvioso, de esos nublados en los que a uno le apetecía quedarse en casa con una mantita viendo la tele. Pero ella tenía que ir a clase, como siempre.
Cogió en bus, ya era una rutina.
Llegó a clase. Tres horas aburridas, se las pasó dibujando en su cuaderno, criaturas inventadas, paisajes, lo primero que se le pasaba por la cabeza. No salió en los cinco minutos que tenían de intercambio entre clase y clase. Su mejor amiga, Elisa, no había venido, estaba enferma.
Cuando sonó el timbre del recreó solo salió a fumar y entró. Hacia frío.
Otras tres horas dibujando, menos a última, tenia clase de historia y la encantaba, el profesor era divertido, parecía que contaba un cuento en vez de explicar.
Salió cogió el bus y de vuelta a la residencia en la que se alojaba con su hermano pequeño.
Tenia siete años pelo castaño muy claro algo largo y alborotado normalmente, era muy activo, risueño y alegre, siempre conseguía sacarla una sonrisa.
No tenían padres, o no sabían donde estaban.
Fue bastante raro, es más, no sabia ni que había pasado.
Solo sabia que cuando su hermano tenia un año, se despertó y estaba ya en esa cama.
Lo pasó fatal, no entendía nada, su vida había cambiado de un día para otro de forma brutal.
No la habían dado explicaciones, aunque tampoco sabia que la podían decir, no se acordaba de nada, solo de que tenia una familia, tenia las fotos, pero de nada más. Ni de su casa, ni de su escuela, ni de si tenían perro.
Tenía vagos recuerdos, pero nada concreto.
La costó acostumbrarse y no sabía por qué.
Ese día al volver del instituto vio varios coches de policía, cosa normal, porque mucha gente había intentado escaparse antes. No le dio importancia.
Pero se sentía extraña.
La dijeron que su hermano había desaparecido, quería morirse, sufrió una crisis nerviosa, depresión, ansiedad. El mundo se le vino encima.
Pasó una semana sin noticias y llegaron las vacaciones de navidad.
Fue a dar un paseo por un bosque cercano al centro, tenía que respirar, pensar, necesitaba a su hermano.
Lloró, lloró hasta desgastarse la garganta, hasta que no la salían las lágrimas, hasta que la dolió todo, hasta dormirse por competo.
Y volvió a pasar, se despertó en medio de el bosque, pero no era igual.
Los árboles con nieve, los sonidos de la carretera cercana, ni el canto de los pájaros estaban.
Empezaba a oscurecer y no encontraba el camino, los árboles hacían que todo pareciese más oscuro.
Tras unas horas, que la parecieron días, andando llegó a un claro siguió hasta el borde. Abajo se extendía una especie de pueblo con casas bajas farolas que parecían antiguas y oía el murmullo de gente.
Tenia que bajar, necesitaba saber que pasaba allí. Había paseado mil veces por aquél bosque y nunca había visto eso, aquel poblado.
La pendiente no era mucha pero la distancia si y estaba toda embarrada.
Se armó de valor, intentó bajar con cuidado, despacio. Pero era de naturaleza torpe ¿Qué podía haber esperado?
Cayó de culo y bajó dando tumbos, pero llegó, por lo menos sana y salva. Bueno sana no estaba segura pero viva estaba.
Mientras andaba hasta aquel lugar vio que se había hecho varios cortes en brazos y piernas. Sus vaqueros estaban destrozados y su jersey practicamente igual. En un principio había sido blanco, ahora era de un marrón intenso que veía imposible de lavar, Mierda, pensó, era su favorito, daba calorcito y resaltaba su figura delgada con caderas un poco anchas.
Sin darse cuenta llegó a una casita de madera de colores vivos, verdes, rojos, amarillos intensos. Abrió mucho los ojos se giró y miro a su alrededor.
Gente, bueno no, personas, no estaba segura. Seres de brillantes colores con...¿Tentáculos? La estaban mirando. Tenia ganas de gritar, pero nada en sus miradas indicaba maldad, solo inquietud, fascinación, incluso burlonas.
Una figura de un color amarillo pálido se acercó sonriendo, la tendió una toalla y guiñó un ojo absolutamente negro.
-Aquí tienes, no preguntes, primero hay que lavarte, curarte y darte algo de comer, ven sigueme.
La siguió sin pensar. era muy alta, a pesar de sus piernas pequeñas. varias antenas, cuernos o lo que fuesen por la cabeza y estaba algo regordeta. Supuso que era una mujer por su voz melodiosa suave. pero ni siquiera sabia si aquellos seres tenían sexo.
Entró a la casa con la que se había chocado.
Por dentro parecía más grande que por fuera, había tres puertas. Y la cocina, o eso suponía estaba en el salón principal, separada por una gran mesa. El baño esta por la puerta del medio, tienes todo lo necesario, mientras tato te preparare algo de comer, no te preocupes.
-Increíble.-Susurró una vez dentro y con la puerta cerrada, era un baño normal, completamente normal, algo pequeño.
La cascada de agua la cayó encima como si llevase siglos sin ducharse, cerro los ojos y los abrió con una mueca de dolor, los brazos y las piernas la ardían de dolor, se había olvidado de las heridas.
Salió del baño y con ella el vapor que había producido su ducha de agua caliente.
La mesa en la que se sentó era un poco alta, comparada con la silla, que parecía la de un niño pequeño.
En un cuenco marrón había un liquido viscoso, verde, poco apetecible. Pero el hambre hizo que diese una cucharada sin pensar.
Tosió, tosió mucho y dolía, tenia la garganta dolorida de la llantina de antes, o de hace unos días o de cuando fuese.
-Jajaja, imagino que tengas hambre, pero si te comes eso no te sentará muy bien, es una crema para tus heridas. La comida es está.
Tenia una bandeja en la mano con cuencos que tenían una pinta más apetecible.
-Come, tomatelo con calma, espero que te guste, al otro chico nuevo le encantó. Después te curaré y responderé cualquier duda, siempre que me sea posible.-Dejó la bandeja en frente suyo y lo atacó con voracidad, casi se atraganta varias veces, pero tenia hambre, más del que creía.
Estaba delicioso. ¿El otro chico nuevo? ¿A quien se referiria?